21 abr. 2007

Miss You




Como se hace cuando unos pocos centimetros de distancia alejan a dos sujetos que se quieren, es en verdad tan dolorozo como cualquier otra cosa que hayas sufrido antes. Es aquí cuando la palabra Lejanía empieza a representar algo particular, va tomando otro significado, se vuelve más atróz y aterrador. Empezás a detestar mucho más toda distancía que hace que se separen. Tenés muy en claro que hay una persona que es dueña de tu corazón y está atascada allí controlando practicamente cada uno de tus latidos.
Continúas viviendo ahí, encerrado en su alma, sin importar cuan distante te encuentres.
Porque me falta el aire y me encuentro afligido, tan entristecido que escuchar su voz o cualquier imagen suya que se vuelca en mi memoria, instantaneamente hace que se dibuje una leve sonrisa en mi rostro. Se vive gracias a los recuerdos, son los que te dan animos de seguír adelante. Te alimentas sin sentido alguno, bebes agua, con la unica intención de reponer las lagrimas que te florecen de tanto extrañar.
Estan esas etapas en las que lo podés sobrellevar, manteniendo la mente ocupada durante todo el día con los quehaceres diarios y la rutina cotidiana que te ayuda a pasar el tiempo, pero ese período en realidad, no hizo más que destrozar un poquito más tu alma y más allá de que estés seguro que nunca colapsará, lastíma cada vez más.
Ella es quien maneja tus sentimientos, como haces para no desear ser el dueño de sus besos?
Son muy necesarios, mis labios resecados me recuerdan todo el tiempo, cuanto necesito de su boca. No extraño nada del mismo modo que extraño sus besos. Ese trecho que hace que estemos separados, no hace más que recordarme cada momento, cuanto la necesito para subsistir. Esta distancia, no hace más que acercarme a tu corazón.

I miss you.





Links de Hoy:

Alone - Sunrise - Leaves - Ninja - DogCat - Blur - Think - Éclore -

18 abr. 2007

Shinji Saito yo-yo

me lo pasaron hoy mientras chateaba por el msn, y dije wow, nunca pensé que eso fuese posible. Espero que les guste este video, vale la pena compartirlo.


Links de Hoy:

SmsFree - Look+Learn - Lost - 300 - HotSpots - Esc. - Organge - CrazyBitch - Google -

a moment with you...





Es en esas ocaciones en las que te encontras contigo mismo empezas a pensar cosas de la vida; cuando estás contento, cuando triste, divertido, aburrido, enamorado; cuantas cosas de las que podés llegar a enamorarte, desde un instante, algun momento vivido, hasta la calida presencia de esa persona a tu lado, que por momentos te hace vibrar y en otros te hace sentir en el paraíso.
Desde ya hace un tiempo, acepté que las cosas no pasan solamente por una casualidad; simplemente pasan porque el destino las ubico en nuestro camino, porque deben ocurrir y enseñarnos nuevas experiencias. Nunca terminaremos de aprender y son inumerables las lecciones y enseñanzas que recibo a diario; momentos que permaneceran siempre en mi memoria, diferentes aromas, gustos, texturas, miradas, alusiones que nunca olvidaré. Besos, abrazos, lagrimas, caricias, sonrisas, que no paran de merodear en mi mente y es en los momentos que me siento solo, afligido y aturdido cuando reaparecen haciendose más intensos y me devuelven los animos, reviviendo y recordando en mi memoria cada persona que me amó, me ama y me sigue amando. cada personita que en toda ocación, pase lo que pase conforma y va moldeando mi manera de ser y de pensar, ya tanto que son parte de mi esencia, solo por el simple hecho de compartir un beso o un te quiero.

Gracias por esos momentos compartidos y ante todo, muchas gracias por enseñarme tantas cosas de la vida.



Algunos Links:
Britney Spears - S-e-X- - SouthP - PotteR - Adult Games - Kinki - Defend - Deer - Nice - Teens

16 abr. 2007

The Raven

[La mejor obra literaria, sin duda alguna, del mundo]



El Cuervo
Edgar Alan Poe.

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”


¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.


Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.


Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”


Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”


Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!